Medir la huella de carbono ayuda a reducir costes y gestionar mejor cada activo.

En el ecosistema del alojamiento turístico y los nuevos modelos de flex living, la sostenibilidad ha dejado de ser una etiqueta o un tema “de imagen” para convertirse en una cuestión de gestión.
Medir la huella de carbono permite saber qué impacto genera una actividad y, sobre todo, dónde se están concentrando las emisiones. Esto cobra especial importancia si tenemos en cuenta que los edificios representan alrededor del 40% del consumo energético de la UE y el 36% de sus emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la energía.
La huella de carbono mide la cantidad de gases de efecto invernadero que genera una actividad, organización, producto o servicio. Normalmente se expresa en toneladas de CO₂ equivalente.
En el caso de los alojamientos, una parte importante de estas emisiones está relacionada con el consumo energético de los inmuebles: electricidad, calefacción, climatización, agua caliente, gas o equipamiento.
Más concretamente, en el caso de una empresa de alquiler vacacional o flex living, esa huella puede venir de:

La aprobación del Real Decreto 214/2025, de 18 de marzo, ha marcado un antes y un después en el panorama estatal. Lo que antes era un registro voluntario para la mayoría de organizaciones, ahora incorpora obligaciones concretas para determinadas empresas y entidades públicas, reforzando la transparencia en el cálculo y la publicación de planes de reducción de emisiones.
Pero, ¿cómo afecta esto realmente a una empresa de gestión de activos o a un operador de media estancia.
Más allá del cumplimiento normativo, medir la huella de carbono aporta valor real a la gestión diaria de una cartera de activos. Estos son tres motivos por los que cada vez más operadores la están incorporando a su estrategia.
Conocer el volumen de emisiones permite detectar consumos anómalos, activos ineficientes, contratos mal dimensionados o patrones de uso que disparan el gasto. Para un property manager, esto puede marcar una diferencia importante en la rentabilidad de cada vivienda.
En alojamientos con alta rotación, el consumo energético suele ser más difícil de controlar. Medir la huella de carbono permite localizar esos problemas y priorizar soluciones.
En España, el Real Decreto 214/2025 refuerza el papel del registro de huella de carbono, compensación y proyectos de absorción, y establece obligaciones de cálculo, publicación de huella y planes de reducción para determinadas empresas e instituciones.
Pero, aunque muchas empresas de alquiler vacacional o flex living no estarán obligadas de forma directa (especialmente si son pequeñas o medianas), la dirección del mercado es clara: más datos, más trazabilidad y más presión para demostrar cómo se gestionan los impactos ambientales.
Algunas comunidades autónomas ya han avanzado en esta línea. En Baleares, por ejemplo, la normativa turística incorpora medidas de sostenibilidad y circularidad para avanzar hacia un impacto regenerativo de la actividad turística. La Comunitat Valenciana también cuenta con una ley de cambio climático que busca impulsar una economía baja en carbono, eficiente en recursos y resiliente al clima.
Los propietarios quieren rentabilidad, pero también control. Los inversores quieren activos con futuro.
Un inmueble con consumos altos, mala calificación energética o emisiones elevadas puede perder atractivo frente a otro más eficiente. Esto es especialmente importante en carteras de flex living, serviced apartments o alquiler de media estancia, donde los activos se analizan con una lógica cada vez más profesional.
Medir la huella de carbono permite presentar información clara sobre el comportamiento de la cartera. Y eso cambia la conversación con propietarios e inversores.
Para empezar, no hace falta complicarse la vida. Lo importante es construir una base de datos fiable y progresiva.
Una forma práctica de ordenar la huella de carbono es diferenciar entre tres alcances:
Son las emisiones generadas directamente por la empresa. Por ejemplo, el consumo de gas natural, gasóleo u otros combustibles en viviendas, oficinas o instalaciones gestionadas.
En alojamientos turísticos y flex living, puede aplicar especialmente a inmuebles con calderas de gas, sistemas centralizados o equipos que consumen combustibles fósiles.
Incluye las emisiones asociadas a la electricidad consumida. Para este sector, suele ser una de las partes más relevantes, porque gran parte del consumo de los alojamientos depende de electricidad: climatización, iluminación, electrodomésticos, ACS eléctrica, equipos electrónicos, cerraduras inteligentes o sistemas de control.
Aquí es donde la gestión de suministros tiene un impacto directo.
Es el alcance más amplio y complejo. Puede incluir proveedores de limpieza, lavandería, mantenimiento, transporte, residuos, compras, reformas, mobiliario o incluso desplazamientos asociados a la actividad.
Aunque por ahora muchas pymes no están obligadas a registrar estas emisiones, te recomendamos que no bajes la guardia. La Directiva Europea CSRD y las nuevas exigencias de sostenibilidad están empujando a las grandes corporaciones a reportar también las emisiones de su cadena de valor (emisiones de proveedores) a partir de 2028.
Esto significa que, si una empresa quiere seguir siendo proveedor de grandes grupos o atraer inversión institucional, medir su huella de carbono será un requisito indispensable para mantener relaciones comerciales con los líderes del mercado.

Uno de los errores más habituales es pensar que medir la huella de carbono exige empezar con un proyecto enorme, caro y complejo. No tiene por qué ser así.
Para un operador de alquiler vacacional o flex living, el camino puede ser mucho más práctico.
El primer paso es tener visibilidad sobre los consumos. Sin datos de luz, gas, agua u otros suministros, cualquier cálculo será incompleto o poco fiable.
Aquí muchas empresas se encuentran con el mismo problema: facturas repartidas entre proveedores, contratos a nombre de distintos propietarios, viviendas con diferentes comercializadoras, cambios de titularidad, incidencias, lecturas estimadas y poca trazabilidad.
Centralizar esta información permite construir una base sólida para medir las emisiones totales.
No basta con saber cuánto consume la empresa en total. Hay que entender qué ocurre en cada inmueble.
Lo ideal es poder analizar la información por vivienda, edificio, propietario, ubicación, tipología de activo o modelo de estancia. Esto permite detectar patrones y comparar unidades similares.
Por ejemplo, dos apartamentos de características parecidas pueden tener consumos muy diferentes. Si uno consume mucho más que otro, puede haber un problema de tarifa, climatización, aislamiento, equipamiento o uso.
Una vez centralizados los datos, el siguiente paso es localizar dónde se concentra la huella.
En muchos casos, los grandes focos estarán en:
Lo importante no es solo medir, sino saber dónde actuar primero
Después de medir, toca reducir. Algunas medidas pueden ser sencillas:
Reducir la huella de carbono suele empezar por mejorar la eficiencia energética. Y en alojamientos turísticos o flex living, esto tiene una ventaja clara: muchas medidas de eficiencia también reducen costes.
Menos consumo energético significa menos emisiones, pero también menos gasto operativo. En un sector donde los márgenes pueden verse afectados por la estacionalidad, la regulación, los costes de mantenimiento o la presión competitiva, esta relación es especialmente relevante.
Si quieres detectar oportunidades de ahorro energético en tus alojamientos puedes descargar nuestro informe sobre eficiencia energética y descubrir medidas prácticas para reducir consumo, costes y emisiones en tu cartera.

Para muchas empresas del sector, el problema no es la falta de voluntad. Es la falta de datos ordenados.
Los suministros suelen estar repartidos entre distintas comercializadoras, titulares, direcciones y contratos. A esto se suman altas y bajas frecuentes, cambios de inquilino o huésped, incidencias, facturas que llegan tarde y activos con realidades muy distintas.
Cuando la información está dispersa, medir la huella de carbono se vuelve lento, manual y poco escalable.
Aquí es donde la digitalización cobra especial importancia. No solo para ahorrar tiempo en la gestión de suministros, sino para convertir esa gestión en una fuente de datos útil para el negocio.
En Okify creemos que la gestión de suministros debería ser sencilla, ágil y digital. Por eso, nuestra plataforma ayuda a centralizar la gestión y a dar visibilidad sobre datos clave para que property managers y operadores puedan tomar mejores decisiones.
Para un property manager, recolectar facturas de luz, agua y gas de cientos de unidades para calcular emisiones es una pesadilla operativa. Nuestra plataforma centraliza toda esta información en un clic, permitiéndote:
En Okify, somos expertos en tecnología aplicada a la gestión de suministros y entendemos que el mayor obstáculo para medir la huella de carbono es la dispersión de los datos.
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Como hemos visto, medir la huella de carbono permite reducir costes, mejorar la eficiencia energética, anticiparse a la regulación, responder a nuevas exigencias del mercado y reforzar la confianza con propietarios, inversores y clientes.
El sector está avanzando hacia una gestión más profesional, más transparente y más basada en datos. Y en ese camino, los suministros tienen un papel clave.
Porque medir la huella de carbono no va solo de cumplir con una obligación. Va de gestionar mejor, reducir ineficiencias y construir carteras más preparadas para el futuro.